Cómo utilizar tu smartphone de forma responsable (y saludable)

Decía John Lennon que «la vida es aquello que pasa mientras estás ocupado haciendo planes». Hoy en día diría, sin duda alguna, que la vida es aquello que pasa mientras estás ocupado mirando la pantalla de tu móvil.

Nuestra entrada de esta semana es una entrada diferente. No vamos a escribir consejos sobre cómo usar tu teléfono de forma más eficiente o práctica, sino cómo usar tu smartphone o dispositivo inteligente de forma que sea más positiva para tu propio bienestar vital. Al fin y al cabo, nadie nos ha enseñado realmente cómo usar ese aparatito que todos llevamos en nuestros bolsillos o bolsos.

Y ojo, que nadie se lleve a engaño. En Nópea estamos convencidos de que el smartphone es uno de los inventos más importantes de la historia del ser humano. Nos conecta, construye sociedades digitalizadas, horizontales, genera nuevas oportunidades de negocio, de comunicación y de interacción laboral.

Pero esta revolución cultural también conlleva una cierta responsabilidad, especialmente en la aplicación práctica que le damos en nuestro día a día. Evitar riesgos como la hiperconectividad, la adicción, la dependencia o el deterioro de la calidad de nuestras relaciones sociales no digitales es vital para navegar con éxito por estos nuevos mares.

Son ya varios los estudios realizados que apuntan en la dirección de un uso más responsable de nuestros teléfonos como un signo de calidad de vida; aquí vamos a intentar resumir lo esencial, en forma de consejos sencillos y prácticos que todo el mundo puede aplicar en su rutina diaria.

1 – Descárgate sólo las aplicaciones que necesitas.

Las app son la piedra angular de la revolución móvil. Las hay de todas clases, para múltiples funciones y situaciones, incluso para momentos puntuales, y no es nada raro encontrar teléfonos que tienen instaladas varias decenas de ellas, incluso centenares.

La pregunta es: ¿realmente necesitas tantas? La mayoría de las aplicaciones que tenemos instaladas en el teléfono no se usan nunca o casi nunca, y sólo sirven para generar notificaciones que nunca leemos pero que nos obligan a consultar el teléfono cada cinco minutos.

Es importante hacer un análisis del uso que damos realmente a nuestras aplicaciones. Si sólo consultamos Facebook una vez al día, igual sería más interesante consultarlo desde un ordenador o una tablet y reservar ese espacio concreto para hacerlo, sin necesidad de ser bombardeado todo el día con notificaciones que no vas a leer.

Y sí, esa app que te descargaste para invertir en bolsa y que no volviste a abrir jamás. También hablo de ella.

2 – Modera tus notificaciones

Todas las app tienen opción para no mostrar notificaciones. Sin embargo, siempre vienen activadas por defecto. Lógicamente, los desarrolladores quieren recordarte constantemente que sus aplicaciones están ahí, y que deberías usarlas. Pero no son ellos los que tienen que decidirlo, sino tú. Al fin y al cabo, tu tiempo y tu vida te pertenece a ti.

El problema viene cuando precisamente estamos a la espera de una notificación importante. Tener exceso de notificaciones lo único que nos genera es ruido en el feed que recibimos, consultamos el móvil constantemente con la esperanza de recibir la información que necesitamos, pero no, sólo es otra notificación más que no nos interesa. ¿No te parece un poco absurdo?

3 – Pertenece al mínimo de grupos

La hiperconectividad es uno de los problemas más graves, especialmente para las personas con una peor alfabetización mediática. Los grupos de las aplicaciones de mensajería instantánea son, en la inmensa mayoría de los casos, un hervidero de virales, fake news, campañas falsas o basura informativa, totalmente prescindible e incluso desaconsejable para personas que no entiendan bien aún cómo funcionan estas cosas.

Piensa realmente para qué quieres ese grupo que llega a los centenares de mensajes diarios que nunca eres capaz de leer, básicamente porque ningún ser humano sería capaz de hacerlo. El uso responsable de este tipo de espacios digitales significa reducir el número de grupos a aquellos que realmente tengan una función importante, y generalmente transitoria. Cuando esta función termine, no tengas ningún reparo en salir del grupo, eso sí, despidiéndote amablemente. Tu tiempo y tu batería lo agradecerán.

4 – No tienes que responder al instante a cada mensaje

Que puedas comunicarte de forma inmediata y directa con todos tus contactos no implica que estos tengan que contestarte de la misma forma. Y tú tampoco deberías hacerlo.

Todos organizamos nuestro día; no comemos durante todo el día cada vez que nos pica el gusanillo, sino que dedicamos unos espacios de tiempo concretos para hacerlo. Por tanto, dedica un tiempo concreto de tu día a contestar a mensajes, de la misma manera que dedicas ese tiempo para cada cosa en tu vida. Esto, además de organizar tu tiempo y mejorar la productividad, sin duda mejorará la calidad de tus comunicaciones, ya que tendrás más tiempo para sopesar las respuestas y evitarás los «calentones» en potenciales situaciones de tensión.

5 – NO uses tu teléfono cuando estés hablando con otra persona

La pandemia del siglo XXI. Si en tus relaciones sociales personales acabas dedicando más tiempo a atender las virtuales, la buena noticia, si es que se puede decir tal, es que no estás solo: España es el 5º país del mundo que más horas de uso diarias le da al smartphone.

Pero que lo haga casi todo el mundo no significa que esto esté bien. Tus relaciones sociales se pueden ver seriamente deterioradas si no eres capaz de separar el tiempo de tu «yo virtual» con el de tu «yo real». Tus acciones definen tus relaciones sociales, y si realmente consideras que es más importante contestar a un mensaje de texto o mirar tu feed de una red social mientras estás con un grupo de personas, igual deberías pensar entonces en qué significan realmente esas personas para ti.

Por otro lado, cada forma de comunicación tiene sus códigos, su contexto. No es igual una conversación telefónica, que una conversación por mensajería instantánea o una conversación cara a cara. Si ya te has decidido a dedicar un tiempo de tu vida para pasar tiempo con una o varias personas cara a cara, ¿qué sentido tiene dedicarlo a otras formas de comunicación? Sé productivo con tu propio tiempo, y disfruta de la cercanía de la gente cuando tengas la oportunidad de hacerlo.

6 – Olvida tu teléfono de vez en cuando

Porque sí, se ha convertido casi en un apéndice más de nuestro cuerpo. Nos sentimos incluso raros cuando no lo notamos en el bolsillo. En algunas personas incluso genera un grave sentimiento de dependencia, se sienten desconectados o desprotegidos.

Es necesario practicar el desapego. No pasa nada por apagar el teléfono de vez en cuando, por ejemplo, cuando vas a estudiar, o al parque con tus hijos; eliminar distracciones mejorará enormemente la calidad del tiempo que dedicas a estas actividades. Ni tampoco debes llevarlo constantemente encima, y mucho menos cuando estés en casa.

7 – No conviertas tu vida en un escaparate

Smartphone y redes sociales. Una combinación explosiva que absorbe la vida de la mayoría de la gente, e incluso en algunos casos, las condiciona de forma absoluta.

Salimos, leemos, comemos, vamos al cine, compramos o nos vestimos, y el primer impulso de muchos de nosotros, antes incluso de disfrutar el hecho en sí de realizar estas actividades, es contarlo al mundo. Construimos así unas identidades virtuales que aparentar ser lo que en el fondo no somos. Porque quizá no has disfrutado de esa comida, no te ha gustado ese vestido o te has dormido en la película; pero lo publicas porque está de moda, porque te hace parece interesante. Esta distorsión de nuestro tiempo de ocio viene provocada, precisamente, por un mal uso de las redes sociales, que nos empujan a conductas que de otro modo nunca realizaríamos.

Igual es hora de que te preguntes si para ti es más importante vivir que parecer que vives.

 

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